CALMA
2:05 de la mañana viendo imágenes y escuchando audios antiguos que en el algún momento fueron importantes y que tal como ahora solo me traen recuerdos, sensaciones del entonces en el que no fueron recuerdos si no experiencias el presente, ahora pasado.
Desde
esta entrada en adelante hare el intento por escribir primero antes de leer la
entrada anterior, no quiero que mis sentimientos se vean influenciados por el
pasado, el presente debe ser algo que solo puede ser interpretado por la
situación actual; esta última frase es pura porquería.
Me
viene a la mente un recuerdo, bueno más que un recuerdo una ideología que tuve
a la temprana edad de 12 años, quizás antes quizás después, creía firmemente
por mi propia invención que al cumplir la edad de 15 años, la mentalidad de la
persona cambiaba por completo, me refiero a que pulsabas el interruptor de niño
a adulto, que tu manera de ver las cosas eran totalmente distintas a como lo
eran antes, pero no logro recordar si para ese entonces el cambio era para bien
o si sencillamente solo era un paso fundamental en el madurar como persona. Luego
con el tiempo, después de cumplir los 15 pase esa edad crucial a los 18 y
cuando llegue a los 18, note que, aunque no era tal cual como pensaba que sería
el cambio, las cosas lentamente se veían diferentes. En todo caso aquel niño
chiquito en parte tenía razón.
He
tenido miles, no centenares incontables de ideas, proyectos que nunca salieron
de mi cabeza y que jamás lleve a cabo, ¿Por qué te estarás preguntado? quisiera
dar una respuesta que no me haga ver como un estúpido, o bueno más de lo que ya
soy, sencillamente soy un procrastinador, la definición total de la palabra en
todo su esplendor soy yo. Siempre he dejado las cosas para después hasta el límite,
hasta el cansancio, hasta no poder dejarlo para luego, no solo con mis ideas
con todas mis responsabilidades en general, al punto de convencerme que es
normal y que tal cosa define en gran parte lo que soy. Por lo que me generado
falsamente excusas para sustentar el ser así, que siempre tendré tiempo, que la
vida, aunque corta siempre me dará tiempo para hacer las cosas que quizás nunca
llegue a realizar o esperar el tiempo suficiente para que ya no tenga sentido
el hacerlas. El huir de mis propias conclusiones me produce miedo.
Es
cierto que al día de hoy no me considero un yo verdadero, el mí que si debió
ser: aquel que nunca tuvo que fingir ser fuerte, que sin importar los demás,
ellos no tenían ni la más mínima influencia en sus acciones, el que hacia las
cosas por gusto no por obligación, el que encontró su propósito en la vida
mucho antes de encaminarse a conseguirlo, el yo que nunca fui y que nunca seré,
o al menos en lo más profundo de mi espero que llegue a ser*, pero no me hago
falsas esperanzas he sido débil a mi propia determinación, el yo que conoces
ahora puede que siempre sea el que existe o existió, el que nunca cambio.
Por
último, quiero mencionar que la razón por la que escribo este día, fue dado a
recuerdos que me hicieron sentir en el pasado y pues al final me recordaron que
entre todo lo que jamás hare, existe algo de lo poco que llegué a realizar, que
aún tiene sentido en mi vida.